Saga Perdidos, sinopsis.

martes, 19 de abril de 2011

Capitulo 01

-¿No hace demasiado calor hoy?
-No
-¡¿Cómo qué no?! Deben de hacer 40° y el sol esta en lo más alto!
-Acá es así
Mis respuestas eran cortas y concretas. No necesitaba que me hicieran preguntas idiotas. Menos él.
-No entiendo como sobreviven- sonaba extraño, como refiriéndose a “nosotros” con asco.
-Usando la ropa adecuada- me miro como si le hubiese hablado en un idioma desconocido- Simplemente estamos acostumbrados. Es todo.
-Yo no lograría acostumbrarme nunca- dijo por lo bajo.
Por supuesto que nunca lo lograría, no quejándose y usando esa ropa tan ridícula. Quien usaba una remera de cuello alto y negra para trabajar el campo? Y esas botas! Esas botas valían más que mi casa. Cuero autentico. Solo deben quedar unos ejemplares.
Las vacas se habían extinto y usar cuero era un privilegio de pocos…( de pocos desalmados si me piden mi opinión) Si alguien lo veía con esas botas, no quiero ni imaginarlo. O quizá sí.
-Te recomiendo que no vuelvas a usar esas botas para trabajar, si es que vuelves.- Ojala que no vuelva, ojala que no vuelva.
-Lo tendré en cuenta… que debería usar?- Mierda
- Remera blanca, pantalón como el mío y calzado de tela con una buena suela. Gruesa.
¿Porque le estaba dando consejos a un fulanito cualquiera? Bueno, quizá no era un fulanito cualquiera. Ese loco de las botas que no puede soportar ni 15 minutos bajo el sol, pronto será mi esposo.
Su nombre es Klim. Es de la mediana/alta sociedad. No sé porque me eligieron a mí para casarme con él. Yo soy de la clase baja, de la plebe, pero no tan baja. En mi comunidad, mi familia es una de las más respetadas. Me da asco. Todo esto da asco.
Este trabajo no me correspondía, yo debía trabajar en una categoría más “alta” . No me importa, yo decidí trabajar acá, al igual que toda la gente con la que crecí, no es justo que ellos hagan el trabajo más duro y yo, por tener un apellido más o menos renombrado me pongan en una clase distinta. Yo soy igual a todos, por lo tanto trabajo junto a ellos, de la misma manera.
Pero no lo hago sola. Jaz, mi mejor amiga, mi hermana, el otro pedazo de mi alma, ella siempre está conmigo, y yo siempre estoy con ella. Ambas estamos en categorías similares. Ambas trabajamos en el campo.
Nosotros vivimos en un sector dedicado a la agricultura, aunque en realidad aquí no se puede cultivar casi nada. Tiempo atrás, las poblaciones estaban acentuadas en ciudades, ciudades con grandes edificios, medios de transporte, electricidad, tecnología. Pero poco a poco fueron destruyendo el planeta, contaminaron la tierra, el agua y el aire. Le sumamos a esto también las guerras territoriales. Masacres sin sentido, donde te pegaban un tiro o simplemente desaparecías por tener una ideología diferente a aquellos que estaban en el poder. Los grandes países peleaban por territorio, recursos, dinero, religión, etc, etc, etc. Las guerras eran ya moneda corriente.
La gente se moría de hambre en la calle y a nadie le importaba. Los chicos salían a robar, la sociedad estaba en decadencia. Y los recursos comenzaron a escasear. Luego, el caos.
Aparecieron los revolucionaron, los activistas, lucharon por hacerse escuchar, pero nadie tenía oídos para nadie en ese entonces.
La contaminación destruyo la vida en demasiados lugares, y las poblaciones tuvieron que trasladarse a lugar antes inimaginados y tratar de comenzar desde cero.
Así nació mi gobierno. Así nació este sistema.
No podía seguir pensando en todo aquello. Me estaba carcomiendo por dentro. Y había pocas cosas que me calmaban en situaciones como estas. Una era  Cantar.
Comencé con unas simples notas, una melodía muy sencilla. Al instante Jaz, como siempre, me acompaño complementando mi canción con sonidos más complejos.
Luego de, no lo sé, 45 minutos aproximadamente, me di la vuelta para ver si Kilm seguía trabajando. Y como era de esperarse, no estaba. Solté una carcajada, pero en ese preciso momento, lo vi. No a Klim.
Gaeb. Se encontraba a unos 15 metros míos, y estaba trabajando con ahínco. Sudaba por la frente, y casi no podía verle el rostro. Llevaba su vestimenta habitual. Remera blanca y pantalón de trabajo. Tenía los brazos llenos de tierra, esos brazos que parecían tener el tamaño perfecto, que tantas veces había intentado dibujar. Sí, he intentado dibujar solo un par de cosas en mi vida, y dos de ellas son sus ojos y sus brazos. Nunca lo logre.
Levanto la viste, y poso sus hermosos ojos café en los míos. El mundo literalmente se detuvo.
Me quede sin respiración, mi mente estaba en corto. Las rodillas me temblaban.
Y entonces bajo la mirada y volvió a trabajar y mi estado de petrificación desapareció.
Tonta. Tonta. Tonta. Soy una completa idiota.¿ No podía saludarlo?
Ok, no es que deba saludarlo. En realidad está prohibido. Entre nosotros dos existe un abismo. Pero solo para los ojos de los demás.
 El comenzó a cantar, más bien, a silbar una canción, una suave y melodiosa canción…esa canción. Él la creo el día que se nos prohibió estar juntos. Es el recordatorio constante, de que a pesar de todo, de lo que digan y de lo prohibido… el me ama.

2 comentarios:

  1. Hermoso... me ha encantado... ^_^ y el párrafo final es tan romántico... ^_^

    ResponderEliminar